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Te digo

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¿Mis besos no te dijeron nada? Ellos afirman haberte dado noticias del estremecimiento que hubo en mi ser cuando tus labios rosaron los míos y dicen que gritaron con todas sus fuerzas, al punto que pudieron escuchar tu corazón acelerado como el de un atleta después de correr 100 metros planos.   ¿Mis abrazos no te dijeron nada? Pues ellos aseguran también haberte informado lo bien que se sentían al tocarte, lo completos que se sentían al abrazarte y sentirte.   ¿Mis ojos no te dijeron nada? Porque ellos deliran por tí, por tú sonrisa que conquista el mundo, por tú forma de caminar que deja muertos - vivos a su andar…   Mi corazón no te dijo que ahí está acelerado mientras te escribo. Extraviado, buscándote entre la gente, desvariando por tu ausencia y desesperando porque sabe que no será más nunca el mismo. ¡Ay si supieras todo lo que mi ser tiene por decir! Llamarías Correrías a verme Vendrías a escuchar todo lo que tengo por contarte, vida mía. Por Javier Núñez Leal 24/...

La chica de la cafetería

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Como cada mañana viene por su café al bar de Regulo, ese que queda en el Paseo de la Alameda de la ciudad de Valencia, demás está decir que es hermosa y que cuando entra todos los hombres en el sitio no pueden evitar mirarla porque tiene una belleza deslumbrante, además de un olor que impregna el lugar y que hace mezcla armoniosa con el café. Sabrá Dios cómo se llama ese perfume que usa, pero huele riquísimo. Es blanca, pelirroja, generalmente luce ropa colorida, debe tener unos 27 – 28 años y suele llegar pasadas las nueve de la mañana, es flaca aunque no me atrevería a decir que es escuálida, eso sí, bien patilarga, de curvas... nada, pero definitivamente sexy, para mi que toma feromonas o se hizo un trabajo con algún brujo porque lo que emana de ella no es normal. Permence en el bar el tiempo que el barista tarda en hacer el café, paga y se va. La rutina se repite cada mañana y mientras eso pasa yo me imagino como me voy a presentar: – Hola mucho gusto, mi nombre es Orlando – siemp...

Emma

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Entré en los Scouts a la de edad de once años, pero como soy hijo de padres pequeños, parecía de ocho, así que te imaginarás mi tamaño, razón por la cual el dirigente me apodó “Tachuela”. Su intención no era mala, pero el sobrenombre no me gustó y me molestaba que me dijeran Tachuela; yo sentía aquello como una ofensa, pero no cualquier ofensa, me indignaba al punto de que el dirigente pidió que dejarán de llamarme de esa forma - Señores les agradezco que respetemos a nuestro compañero y le llamaremos por su nombre o apellido, como él prefiera – agradecí el gesto, pero desgraciadamente no sirvió de nada, como decimos en mi país, les entró por un oído les salió por el otro. Cada vez que el Scouter Carlos no estaba me decían en tono de mofa ¡Tachuhela! ¡Tachuelita! ¡Tachuuuu! y yo me retorcía de la rabia, pero fingía que no me molestaba aunque mi esfuerzo era en vano, mis cachetes se ponían rojos y mi orejas literalmente botaban humo, entonces no lo dejaban de hacer. Soporté esta situaci...