Emma


Entré en los Scouts a la de edad de once años, pero como soy hijo de padres pequeños, parecía de ocho, así que te imaginarás mi tamaño, razón por la cual el dirigente me apodó “Tachuela”. Su intención no era mala, pero el sobrenombre no me gustó y me molestaba que me dijeran Tachuela; yo sentía aquello como una ofensa, pero no cualquier ofensa, me indignaba al punto de que el dirigente pidió que dejarán de llamarme de esa forma - Señores les agradezco que respetemos a nuestro compañero y le llamaremos por su nombre o apellido, como él prefiera agradecí el gesto, pero desgraciadamente no sirvió de nada, como decimos en mi país, les entró por un oído les salió por el otro. Cada vez que el Scouter Carlos no estaba me decían en tono de mofa ¡Tachuhela! ¡Tachuelita! ¡Tachuuuu! y yo me retorcía de la rabia, pero fingía que no me molestaba aunque mi esfuerzo era en vano, mis cachetes se ponían rojos y mi orejas literalmente botaban humo, entonces no lo dejaban de hacer.

Soporté esta situación por varios meses y hasta pensé en dejar de ir a las reuniones sabatinas, pero cuando estaba decidido a irme apareció en una de nuestras reuniones una chiquilla, Emma, una morena delgada, de piernas largas, de pelos rulos y ojos café claros, con unos labios gruesos y muy provocativos, de esos que te incitan a deseo y aunque era muy hermosa, más que atracción física, yo me fijé en sus gestos y en su gusto por la lectura; puedo dar por hecho que en ese instante, me enamore. Lo sé porque me puse nervioso y me quedé mudo en el instante que me la presentaron. Pero resultó que no fui el único enamorado, la Tropa completa se enfiló en pos de mi primer amor, así que resolví quedarme para conquistarla.

A los once años no es que uno tenga mucha experiencia en el amor y mucho menos en cómo cortejar a una mujer, comencé por ir lo más aseado posible, con zapatos brillantes y cuando digo brillantes es que mis zapatos eran un espejo, incluso hice un cambio radical en mi corte de cabello, compré camisa nueva para mi uniforme, dejé de usar aquel perfume infantil y me echaba el de mi papá (perfume de hombre) y hasta me hice de un teléfono móvil (que no tenía y del cual convencí a mi madre que me comprara), con la intención de obtener su número y hablarle, pero todos mis esfuerzos fueron en vano. Ella no tenía teléfono celular y aunque la llegué a llamar varias veces a su casa, solo logramos conversar brevemente en dos oportunidades porque yo no sabía qué decirle, ni cómo entablar una conversación.

Emma siempre fue atenta conmigo, nunca me despreció, ni me hizo un desplante, de hecho y hasta hoy tengo la impresión que ella sabía que su belleza me intimidaba, pero nunca proponía nada y tampoco se negaba, yo la veía imposible, inalcanzable y más porque todos la rodeaban con el fin que yo tenía.

Entre tanto, yo era el “hazme reír” de todos, porque era “Tachuela” un enano a todas luces y aunque nunca había expresado públicamente mi atracción por Emma era evidente y mi molestia se notaba más cuando los mayores aplicaban toda su primitiva experiencia para conquistarla. Yo me veía derrotado, pero a toda costa quería enamorarla y fue entonces cuando pensé que debía buscar a alguien con experiencia que me pasará los consejos eficaces para enamorar a una chica y sin mucho rodeo me fui hablar con mi amigo, el señor Guido, de unos 78 años, era el dueño de la bodega de la esquina del barrio donde crecí. Tenía fama de haber sido en su juventud un “Latin Lover” y aunque de esa fama ya no quedan ni vestigios, él siempre estaba afeitado, perfumado y muy bien peinado, tan así que le decían el galán porque a misa iba de traje y todo, así que a mi juicio era el indicado.

-Buenos días señor Guido, quiero hablar con usted – le dije mientras lo veía leer la prensa.

-Buenos días Javier, ¿qué se te ofrece hijo? - me contestó sin quitar el ojo del crucigrama que estaba haciendo.

-Bueno es que necesito su ayuda, en un tema que según entiendo usted sabrá decirme qué hacer - levantó la cabeza, se quitó los lentes y me miró con atención. Yo desde luego no hice referencia a su fama en el barrio de que había sido un mujeriego, no, me fui más bien por el hecho de la experiencia de vida – Pues vea que estoy enamorado y es la primera vez que intento conquistar a una chica, he hecho todo lo posible por conquistarla y nada, ya no sé qué hacer – a lo que él soltó una gran carcajada – y eso no es todo – proseguí: – Soy el hazme reír del grupode inmediato me preguntó ¿la quieres? – sí señor Guido – le contesté sin dudar – ¡pues olvídate de ella! Porque para enamora a una mujer no se le puede andar rogando, tenéis que ser interesante, el mejor en todo y ella caerá redonda – para mi esas palabras básicas, fueron una revelación.

Desde el siguiente sábado empecé a buscar la forma de ganar todas las actividades y sobresalir como el mejor en todos los Scouts del grupo y solo me tomó un par de meses lograr mi objetivo. Sábado a sábado obtenía los mejores puntos, era el primero que pasaba al frente con mucho orgullo a dar el grito de patrulla. Tal nivel fue mi crecimiento que dejaron de llamarme “Tachuela”, gané los primeros lugares de todas las posiciones, pero seguía sin lograr mi objetivo, conquistar a Emma.

Volví a que mi sabio amigo Guido y le conté lo que había ocurrido, que había ganado respeto y muchos premios, pero que no lograba el objetivo de conquistar a Emma, a lo cual me dijo –Tienes que salir con otras chicas y que ella se entere, a las mujeres no solo les gustan los hombres inteligentes, también los quieren populares – Yo estaba tan enamorado que no miraba a nadie más y aunque habían opciones, mis ojos y mi corazón solo iban en una dirección, pero entendí su consejo y en un santiamén andaba de salida en salida y logré ser interesante y un tanto codiciado porque aunque no era de exhuberante belleza, sin duda era el mejor Scout del grupo y eso me hacía atractivo. Comencé a disfrutar de esa etapa y por algunos instantes deje de mirar y anhelar la fresca sonrisa de Emma.

2

Mi mundo se derrumbó cuando yo caminaba por un centro comercial de la ciudad aquella tarde del 27 de abril y vi a Emma tomada de la mano de Nelsón Villasmil, el sub-guia de la Patrulla Águila, mi corazón se detuvo y hasta tuve que sentarme; ellos se acercaron al verme y me saludaron, yo traté de disimular mi impresión y mis celos. En mi mente tenía un diálogo – ¿Celos de qué hombre, si tu y ella no han sido nada? Bueno si hemos sido novios pero en mi mente. No que no, no son nada y ubicate – mientras yo peleaba conmigo mismo en mi cabeza, ella me preguntó que qué hacía ahí y me inventé una mentira – estoy esperando a una amiga que vamos al cine y luego iremos a casa de ella a terminar de pasar el rato – por un momento pensé que ella sentiría celos, pero no, su rostro no dio luces de nada.

Desde entonces me sentí acabado e incluso dejé de participar en algunas reuniones. Los meses fueron pasando y ya no era el mismo Javier de antes y de hecho los chicos fueron a pedir que por favor que no dejara de ir al campamento anual que se celebraba cada año la primera semana de septiembre y aunque al principio me negué, terminé aceptando la propuesta. Cada reunión previa al campamento era como meter el dedo en la herida, llegaba a casa molesto, impotente, celoso y desilusionado.

3

Para mi sorpresa, Emma y Nelsón no se sentaron juntos en el autobús durante el recorrido del viaje a La Puerta, como normalmente hacían los noviecitos. Nelsón pasó todo el tiempo con sus amigos y ella ahí, sola, a veces como triste, a veces como seria. Yo evitaba mirarla porque la sentía ajena y por respeto a mi compañero que había logrado lo que para mi resultó un imposible.

Al llegar a La Puerta, pasé intencionalmente por donde estaba parada, ella me saludó – Hola señor primer lugar ¿Te terminaste el libro? – su tono era de broma y muy agradable – ¿me estabas observando? – le dije de forma directa y con una risa tímida me dijo – no, ¿por qué te iba a estar mirando? – Yo obvié la pregunta y fui a lo que realmente me importaba – ¿Estás bien? – pregunta a la que recibí un afirmación tajante – Sí, fenomenal ¿quién no puede estar feliz por haber tenido la oportunidad de venir al Campamento Anual? – concluyó. Yo entendí que no quería hablar de cómo se sentía y no indagué más.

El campamento fue increíble, inolvidable e irrepetible. Gané casi todas las actividades, construí la mejor área de todo el campamento y ya al final, sin duda alguna era el Scout del año, eramos patrulla del año y muy probablemente tendría algunos reconocimiento extras y en mi resignación me había conformado con ese logro aunque Emma no era mía.

Como cada última noche campamento, hicimos la fogata, cantamos canciones pero la reunión de despedida se tuvo que disolver porque empezó a llover, todos corrimos a las carpas, pasado unos minutos había escampado, las estrellas en el cielo brillaban, algunos se reunieron para hablar en grupos y a lo lejos se escuchaban las risas y los chistes. Yo decidí irme a donde había sido la fogata, con la esperanza de encontrar aun brazas que me brindaran un poco de calor.

Luego de estar unos minutos tratando de obtener calor, escuché unos pasos pero no distinguía quién era y para salir de dudas dije – hola – pero antes de recibir la respuesta ya sabía que era Emma – hola, señor primer lugar ¿qué haces aquí? – me dijo mientras se sentaba casi justo a mi lado – tratando de obtener un poco de calor, la lluvia trajo mucho frío – le contesté y de inmediato proseguí con mucha valentía y sin pensarlo mucho le pregunté – ¿Por qué ya no andas con Nelson? – entonces comenzó a explicarme que ella se había sentido como un objeto, como que era un trofeo para él y que por eso lo dejó.

Yo no quise continuar indagando, no era mi problema, en cambio opté por cambiar de tema y empecé hablar de las estrellas y las constelaciones que nos sabíamos:

¡Qué hermosa es Orión! ¿No te parece?

Sí, muy hermosa – contestó

Cómo tú, es una estrella independiente, resaltas por encima de todas, su sonrisa nos ayuda a recordar que estamos vivos y al mirarla te sientes afortunadamente completo –

Ella se inmutó y yo me arrepentí de haber dicho aquellas palabras, ella se levantó para irse y y yo brinqué un paso adelante y le dije – Oye ¿por qué te vas?... – entonces me zampó un beso largo y yo la abracé.




Comentarios

  1. Me trae a la memoria una parte de la letra del tema, "Sin tu cariño", de Rubén Blades, que dice: "Recuerdo a mi noviecita, mi amor a los quince años, yo tratando de besarla, y me decía, si me vuelves a tocar te araño".
    Es la magia del primer beso, una experiencia que jamás se olvida aunque resulte traumática en su momento. Los relatos de la infancia y juventud son hermosos de por sí, la evocación de una época fugaz , pero que al mismo tiempo perdura, máxime si se trata del primer beso, del primer amor...
    Yo me estoy acordando en estos momentos del mío... aunque fue un amor no correspondido, ja ja.

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